sábado, 10 de septiembre de 2016

Testamento:

Quiero por voluntad propia
llevar los ojos vendados,ante el pelotón de la negra angustia.
Tener mis manos atadas, con la cadena de mis libertades.
Y mi sentir siendo un pájaro cantor fuera de mi pecho.
Quiero escribir con mi sangre un poema en las ramas de los arboles.
Y dejar mis huellas sobre un camino
de corazones que laten,con ritmos de campanas roncas.
Quiero alzar mi voz entre los muros
perforados por los puñetazos metálicos de las balas.
Desgarrar mi garganta en un canto amargo de violencia.
Y cortar con mis lagrimas,la fina piel de los montes.
En cuyas entrañas se ocultan los muertos,
con números de ceniza marcados sobre la frente.
Quiero hacer un testamento de sonrisa y esperanzas.
Y firmarlo con la ultima gota de mi sangre
Sobre este cerro en donde destrozare mi cuerpo,
En una lucha de rosas y martillos.
Donde caminare ciega por los senderos del llanto
Mientras afiladas bayonetas acarician los lunares de mi espalda.
Y en donde mis huesos,
se abrirán como pétalos de camelias ocultas bajo la nieve.

Quiero por voluntad propia. Y ante la muerte misma como testigo.
Que mi nombre propio no signifique nada.
Que mi nombre sea cambiado por el de todos los muertos de España.
Por el de todos los desaparecidos en el laberinto de las pieles.
Y por el de los que se ahogaron en un mar de sangre.
Porque yo...No soy mas que una voz perdida,Entre miles de voces.
Una voz que añora un mañana ya escrito.
Pero que se divisa difuso. En la lejanía del tiempo y de la historia.
Una voz que oculta en su propio eco
La palabra libertad. Como un un ruiseñor entre los dientes.
Ruiseñor.Todo manchado de alquitrán y sangre.
Ruiseñor.Que ya no canta con un cascabel de fina lluvia.
Sino con sonidos roncos de metralla,
Quiero que el pelotón apunte directamente a mi boca.
Y a mi pluma de poeta.
Pues sera la única forma de matarme.
Pues de mi corazón herido saldrá...Uno mas.  Y dos....Y tres.
Y yo muerta y cien veces muerta. Recordare el nombre propio de la paloma.
Y el de los hijos que bautice en medio de mis sueños,
con la silaba de los ángeles. Y que ya no tenderé.


Porque yo misma. He decido entregarme voluntariamente
a mis verdugos. Yo misma he decidido ser,
Una brizna de hierba. En un prado de ojos y corazones verdes.
Yo misma...¡Si! yo misma..
Y no quiero ser,ni santa,ni mártir.
Tan solo...un alma libre que rompa la barrera del tiempo con mis latidos.
Un alma que pueda ver un futuro donde,
las manecillas del reloj no recuerden la fatídica hora del llanto.
Aunque para viajar a ese cercano pasado. Y a la vez lejano futuro.
Tenga que comprar un billete con destino 1980 Impreso en una de sus caras.
Cuyo precio de ese billete sea ¡¡Mi vida!!

miércoles, 17 de agosto de 2016

Redada:


Con sus coces de acero llamaron a la puerta.
Desde el otro lado de la casa,
Un niño llora desgarrando su garganta
en un millón de diminutas campanas.
Y un manojo de estorninos de cristal
fluyeron de sus lágrimas.
Las ancianas en el comedor van tejiendo las angustias
con afiladas manecillas de reloj.
En la habitación solloza una adolescente
con el corazón entre las manos.
Y un silencio de plomo resonó entre las paredes muertas,

Con sus coces de acero atravesaron la piel de la madera,
Y como bestias negras entraron
Rompiendo los jarrones y las macetas.
Mordieron con sus dientes de caucho
la frente del perro que ladra con amapolas en la boca.
a su paso fueron dejando huellas de negra muerte
y corazones deshojados.
En un rincón oscuro,se vuelve estatua viva el niño.
Congelado por sus lágrimas.
Al ver como su hermana dejaba de ser niña
Y se convertía en una mariposa ensangrentada.
El niño con la palma de su mano limpiaba
los restos de la angustia que dejo su hermana
sobre la blanca sabana.
Las seis bestias reían  mientras lamían
con sus lenguas de acero
el vientre de la doncella deshonrada.

Seis bestias entraron,en la habitación donde se ahoga el llanto.
Y con sus duras astas negras atravesaron las paredes
donde se ocultan corazones, cuyos latidos suenan
como tambores de ceniza en un pecho calcinado.
Seis bestias que arañaron con sus uñas de metal,
Las entrañas del perro que ladraba con amapolas en su boca.
Y que  ahora guarda en su garganta,
el duro espino de la muerte clavado en sus encías.
Seis bestias,que fueron seis hombres todos con charol negro.
Todos con martillos de fuego,golpeando los cráneos
y las sienes de los viejos.

En la oscura cocina. Iluminada tan solo
por el reflejo temeroso de la luna a través de las rendijas.
la mitad de las mujeres rezan plegarias
a un rosario de secas lágrimas.
Un rosario cuya cruz son dos gotas de sangre entrelazadas.
Y cuyo cristo llevas por clavos,
Las yuntas de los bueyes y los aperos de labranza.
Mientras las otras seguían tejiendo sus angustias,
con las afiladas manecillas del reloj.
De aquel reloj que fue testigo mudo
de la quema de poemas.
De la sangre goteando por la bandera.
Y del retrato de Azaña que agonizaba en el suelo
con la  frente perforada.

En medio del silencio seis campanadas sonaron.
Como seis gritos enquistados.
Y las bestias del asta negra salieron de la casa
dejando su huella de caliente plomo
marcada sobre el suelo de terrazo.
Marcada sobre la piel,y sobre los huesos.
Sobre las blancas paredes,y sobre el pozo blanco.
Y un rastro de sangre fluyendo por las escaleras que daban al patio.
Seis fueron las bestias que entraron a desuello.
Seis los fueron los muertos.
Y seis las campanas de sangre que sonaron
aquel instante funesto.
En el que miedo con sus coces de acero
llamo por primera vez a la puerta,
Y el tiempo se ahogo en su propio silencio.

viernes, 4 de marzo de 2016

Coordenadas en la piel
trazan
lunas inaccesibles,
                                 rostros.

Hay tanta verdad en la superficie.



El miedo

                 forma pliegues.

miércoles, 17 de febrero de 2016

En ti.
En el polvo
          que queda
                     respiras.

Sin aparente dolor
recompones
               patios     a-sombrosos.

viernes, 5 de febrero de 2016

Erase una vez,
un lugar donde siendo
nunca fuiste.

Un lugar donde 
antes de nacer
llegaste al olvido.

El singular 
de la segunda persona 
del preterito perfecto 
del verbo existir,
se aferra al nacimiento del humo.

Sobrevivir, dices.
Qué soñaran 
los zapatos 
balanceándose en el vacío.

Distancias 
o el retorno a breves manantiales.